Elsa Alicia nous fait partager le très émouvant récit de sa rencontre avec l'écrivain Jorge Luis Borges, histoire précieuse comme un trésor par la grâce de la profonde humanité de Borges.
Mi encuentro con Jorge Luis Borges.
Corria el año 1969 y yo pertenecía al Rotaract Club de la ciudad de Turdera (Rama Universitaria de Rotary). Entre nuestras actividades a desarrollar, casi todas en el área cultural, una de ellas nos atrapó especialmente, realizar un concurso literario entre los alumnos de las distintas escuelas locales.
Nuestra locura juvenil, nos llevó a que en un momento alguien imaginara que Jorge Luis Borges podría aceptar venir a entregar los premios a los mejores trabajos, y tal vez deleitarnos con alguna charla. En realidad se nos ocurrió que sería muy difícil que esto fuera posible, pero nuestro entusiasmo nos empujó a intentarlo.
Fuimos a la Biblioteca Nacional, donde él era Director, y solicitamos verlo para invitarlo. Sin saberlo, algo en nuestras palabras al presentarnos activó algún mecanismo oculto en él, y una sonrisa apareció en sus labios.
La mención de la palabra “Turdera” fue la llave que nos franqueó inmediatamente su confianza y despertó su sincera atención.
El amaba el tema del Malevo, escribió mucho sobre el malevaje, especialmente sobre los Hermanos Iberra. famosos y característicos personajes de la época y de la zona. (adjunto milonga al pie (1).
Advertimos la enorme sencillez del maestro, quien demostró interés por nuestra propuesta y aceptó con agrado al instante, para enorme sorpresa nuestra.
Organizamos el concurso, el que contó con amplia participación y entusiasmo de los participantes, y llegado el gran día de la entrega de premios, fueron a buscarlo a su domicilio, y a la hora prevista, hizo su entrada al recinto, el Club Alumni, bajo una verdadera lluvia de aplausos. Me recuerdo sumamente nerviosa, tratando de que todo saliera bien y que nuestro ilustre invitado se sintiera cómodo.
Se leyeron las dos narraciones premiadas por el jurado, lo que fue seguido con gran atención por parte del gran escritor, quien al final incluso comentó detalles de las mismas, alentando a las precoces autoras a seguir escribiendo.
Luego, con enorme soltura y agrado, nos brindó una interesantísima charla acerca de su visión y recuerdo de la zona, de los personajes y lugares que vivían en sus trabajos, especialmente de la ciudad de Adrogué, contigua a Turdera, donde él había pasado los veranos de su infancia. Fue una tarde deliciosa, llena de vivencias y plácidos recuerdos, que todos disfrutamos intensamente.
Luego, a fin de agasajarlo, teníamos previsto un buffet froid, y aquí recuerdo algo insólito y gracioso a la vez. No quiso probar ninguna exquisitez de las que allí había, sólo nos hizo un pedido que nos movilizó a todos de inmediato, difícil de cumplir aparentemente por ser día Domingo por la noche: El maestro pidió PAN. Sólo eso quiso. Salimos disparados a las casas vecinas en busca del noble alimento, y por suerte pudimos darle gusto.
Tuve la dicha de llevarlo de vuelta a su domicilio, en la calle Maipú de la ciudad de Buenos Aires, y disfruté durante casi una hora de su entretenida conversación. Recuerdo que nos contó acerca de sus antepasados, entre ellos una abuela Irlandesa, y también que estaba estudiando Islandés antiguo con una jovencita, quien resultó ser luego su esposa María Kodama. Al llegar, recordó que alguien le había regalado un ramo de flores, y lo solicitó para llevárselo a su esposa de entonces, Elsa Astete, de quien se divorcíó al poco tiempo.
Realmente conocí a una personalidad subyugante, cálida y simple al mismo tiempo, y guardo esta anécdota entre los más queridos recuerdos de mi juventud.

Milonga de dos hermanos
Traiga cuentos la guitarra
de cuando el fierro brillaba,
cuentos de truco y de taba,
de cuadreras y de copas,
cuentos de la Costa Brava
y el Camino de las Tropas.
Venga una historia de ayer
que apreciarán los más lerdos;
el destino no hace acuerdos
y nadie se lo reproche-
ya estoy viendo que esta noche
vienen del Sur los recuerdos.
Velay, señores, la historia
de los hermanos Iberra,
hombre de amor y de guerra
y en el peligro primeros,
la flor de los cuchilleros
y ahora los tapa la tierra.
Suelen al hombre perder
la soberbia o la codicia;
también el coraje envicia
a quien le da noche y día
el que era menor debía
más muertes a la justicia.
Cuando Juan Iberra vio
que el menor lo aventajaba,
la paciencia se le acaba
y le armó no sé qué lazo
le dio muerte de un balazo,
allá por la Costa Brava.
Sin demora y sin apuro
lo fue tendiendo en la vía
para que el tren lo pisara.
El tren lo dejó sin cara,
que es lo que el mayor quería.
Así de manera fiel
conté la historia hasta el fin;
es la historia de Caín
que sigue matando a Abel.
ce que nous rapporte Elsa de l'amour de Borges pour le thème du Malevo et du malevaje, rejoint ce qu'en disait Olivier Rollin en 1999, voir le lien :
http://www.limbos.org/traverses/borges-9908.htm
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